Constructivismo

Es un movimiento artístico ruso, surgido en torno a 1913 y desarrollado sobre todo tras la Revolución rusa de 1917, hasta comienzos de los años veinte. Nace en paralelo al Suprematismo, con el que comparte el gusto por la geometría, aunque con objetivos muy distintos.

Mientras el suprematismo buscaba lo esencial y lo espiritual, el constructivismo se preguntó algo clave: ¿para qué sirve el arte en una sociedad revolucionaria y mayoritariamente analfabeta?

Los constructivistas rechazaron el arte como objeto elitista destinado a museos o coleccionistas. Su objetivo fue poner el arte al servicio del pueblo y del nuevo Estado soviético.

Este movimiento se convirtió en una identidad visual del comunismo, aplicada a carteles de propaganda, diseño gráfico, arquitectura, escultura y cine.

La famosa frase de Mayakovsky resume bien esta idea:

«Las calles son nuestros pinceles, las plazas nuestras paletas».


El constructivismo continúa la experimentación geométrica del suprematismo, pero va más allá al incorporar otras características como una función, una utilidad y un diseño industrial.

En este sentido, conecta directamente con la Bauhaus. No es casual: varios constructivistas dieron clases o seminarios en la escuela alemana, y ambos movimientos defendieron la unión entre arte, diseño, arquitectura e ingeniería.

Algunos de los principales representantes de este movimiento fueron Vladimir Tatlin, El Lissitzky, Antoine Pevsner o Naum Gabo. Todos ellos compartían una fuerte formación científica y técnica, especialmente Pevsner y Gabo, que estudiaron ingeniería.

Rompió con la escultura tradicional. Se rechazaron materiales clásicos como la piedra o la madera y se apostó por materiales industriales como el metal, el vidrio, el plástico o el plexiglás. El espació vacío pasó a ser parte esencial de la obra, igual que el movimiento y la transparencia.

También tuvo una fuerte presencia en el cine soviético, con autores como Serguéi Eisenstein, cuya película El acorazado Potemkin refleja la unión entre arte, ideología y masas.


En 1920, Antoine Pevsner y Naum Gabo publicaron el Manifiesto Realista, donde defendían que el arte debía representar la nueva realidad industrial mediante la abstracción geométrica.

Ambos entendían la escultura como una construcción en el espacio, no como un bloque macizo.

A comienzos de los años veinte, muchos artistas constructivistas abandonaron Rusia o fueron apartados por el régimen, que acabó imponiendo el realismo socialista como estilo oficial.