A comienzos del siglo XX, en una Europa industrializada, masificada y cada vez más deshumanizada, muchos artistas sintieron que la realidad ya no podía representarse tal como era. El crecimiento de las ciudades, la alienación del individuo, el materialismo burgués y el clima de tensión previo a la Primera Guerra Mundial generaron una profunda sensación de angustia. En ese contexto surge el expresionismo, sobre todo en los países nórdicos y en Alemania.
El expresionismo no pretende reproducir el mundo visible, sino mostrar la visión interior del artista. La realidad se deforma conscientemente para expresar emociones, estados psicológicos y conflictos existenciales. Lo importante no es lo que se ve, sino cómo se siente. Por eso, la fidelidad a la naturaleza deja de tener valor y se impone la subjetividad.
Los artistas expresionistas reaccionan contra el realismo y el impresionismo, y toman como antecedentes a figuras como Goya, Van Gogh, Gauguin o Cézanne, tanto por la deformación de la forma como por el uso libre del color. También muestran interés por el arte primitivo africano y oceánico, que les ofrecía una expresión directa, no académica.
Formalmente, el expresionismo se caracteriza por colores intensos y arbitrarios, aplicados con una clara intención emocional; formas retorcidas y deformadas; composiciones agresivas y perspectivas forzadas. No importa la corrección del dibujo ni la lógica espacial: todo se altera para intensificar la expresión. La temática suele ser oscura y sórdida: soledad, miseria, enfermedad, muerte, sexualidad o crítica social.
Dentro del expresionismo alemán pueden distinguirse varias etapas y grupos:
- La primera es una fase pre-expresionista, en torno a 1900, con figuras como Edvard Munch y James Ensor, que abrieron el camino mostrando lo grotesco y lo inquietante del ser humano.
- En 1905 En 1905 surge en Dresde el grupo Die Brücke (“El puente”), liderado por Ernst Ludwig Kirchner, con una actitud radical y provocadora. Buscan romper con las convenciones, utilizan colores violentos, temas marginales y técnicas ásperas como la xilografía, que refuerza el carácter primitivo y brutal de sus obras.
- En 1911 aparece en Múnich Der Blaue Reiter (“El jinete azul”), con artistas como Wassily Kandinsky y Franz Marc. Frente al tono más crudo de Die Brücke, este grupo tiene un carácter más espiritual y lírico, buscando la esencia de la realidad a través de la simplificación y avanzando hacia la abstracción.
Tras la Primera Guerra Mundial, el expresionismo entra en una fase más amarga y desencantada, con autores como Emil Nolde u Oskar Kokoschka. A pesar de su corta duración como movimiento organizado, el expresionismo se agotó en los años veinte, pero su huella fue profunda y duradera. Paradójicamente, su final vino marcado por la violencia política: el régimen nazi lo calificó de arte degenerado, retiró sus obras de los museos, las ridiculizó en exposiciones propagandísticas y, en muchos casos, las destruyó. Aquello que el expresionismo había puesto en primer plano —la subjetividad, la deformación, la crítica y la angustia del individuo moderno— resultaba incompatible con el ideal clásico, heroico y disciplinado que el nazismo pretendía imponer.
