El Funcionalismo es una corriente arquitectónica y de diseño que se desarrolla a partir de los años 20, en el contexto de la reconstrucción tras la Primera Guerra Mundial. Su principio básico es claro: la función determina la forma.
Uno de los antecedentes directos es la Secesión vienesa, con arquitectos como Otto Wagner o Joseph Maria Olbrich. En sus obras ya aparece la depuración formal, la geometría ortogonal y la eliminación progresiva del ornamento.
Otro caso clave es Adolf Loos, arquitecto independiente y considerado padre del racionalismo. En su texto Ornamento y delito defiende que la decoración es innecesaria y antieconómica. Su Casa Steiner muestra ya rasgos funcionalistas como el volumen cúbico, la fachada blanca y lisa, ventanas rectangulares o la cubierta plana. Loos introduce además el concepto de Raumplan, una organización interior basada en la función de cada espacio, con distintos niveles y alturas dentro de un volumen regular.
El funcionalismo también recibe influencias claras del cubismo, como primera ruptura con la tradición y del neoplasticismo, visible en el uso de formas ortogonales y la asimetría equilibrada.
Este movimiento responde a necesidades reales de la sociedad de posguerra: construir más y más barato, crear edificios salubres, con luz y ventilación, y garantizar seguridad estructural mediante nuevos materiales. Por ello, es una arquitectura con un marcado carácter social.
Sus principales características son las formas ortogonales, estructuras adinteladas con acero y hormigón armado, el rechazo de las formas curvas por su alto coste, la ausencia total de decoración, la continuidad de superficies, la asimetría, grandes ventanales y cristaleras, y espacios interiores luminosos y diáfanos. Además, los edificios suelen integrarse en la naturaleza, estableciendo una relación directa entre interior y exterior.
El primer gran teórico del funcionalismo fue Louis Sullivan, arquitecto de la Escuela de Chicago, quien formuló la célebre frase:
«La forma sigue a la función».
Aunque defendió este principio, Sullivan nunca lo aplicó de manera radical y mantuvo el uso del ornamento en muchas de sus obras.
El gran centro de difusión del funcionalismo fue la Bauhaus, fundada por Walter Gropius. Entre los principales arquitectos funcionalistas destacan: Walter Gropius, Mies van der Rohe, Le Corbusier y Frank Lloyd Wright.
Entre 1919 y 1945, el funcionalismo se consolida y se adapta a las dificultades económicas y materiales de la Segunda Guerra Mundial, recurriendo a soluciones constructivas más simples y económicas.
