Tras la Primera Guerra Mundial, Europa queda devastada. Algunos artistas optan por el caos y la negación absoluta, como el Dadaísmo. Otros, en cambio, creen que la única salida es justo la contraria: orden, claridad y reconstrucción.
Ahí nace el Neoplasticismo, también conocido como De Stijl, en Holanda, a partir de 1917.
Mientras Tristan Tzara redacta el Manifiesto Dadá, Piet Mondrian y Theo van Doesburg publican el Manifiesto De Stijl. Dos respuestas opuestas al mismo trauma histórico.
De Stijl no fue solo un grupo artístico, sino también una revista, fundada en Leiden en 1917. Desde ella se difundieron los principios del neoplasticismo y se intentó aplicar el estilo a todas las artes: pintura, diseño gráfico, arquitectura, mobiliario y tipografía.
Entre sus figuras clave destacan:
- Piet Mondrian.
- Theo van Doesburg.
- Gerrit Thomas Rietveld.
Durante un tiempo, la revista incluso se abrió al Dadá: Hans Arp y Kurt Schwitters editaron el suplemento Mecano. Aun así, las diferencias ideológicas acabarían pesando.
El neoplasticismo se basa en una reducción extrema del lenguaje plástico:
- Colores: rojo, azul y amarillo, más blanco, negro y grises
- Formas: cuadrado y rectángulo
- Líneas: solo verticales y horizontales
- Composición: asimétrica, sin simetría
- Espacio: sin profundidad ni textura
Todo se organiza mediante una armonía de tensiones, buscando un equilibrio dinámico, nunca estático.
No hay símbolos, ni figuras, ni narración. Solo línea y color.
Su objetivo era eliminar todo lo superfluo hasta llegar a lo esencial. El neoplasticismo no imita la realidad. Parte de una idea clara: el arte ya forma parte de la vida y no necesita representarla.
Piet Mondrian evolucionó desde el naturalismo y el simbolismo hasta una abstracción total. Tras la guerra, quiso crear una plástica nueva para un mundo nuevo.
Reduciendo el arte a su forma más pura, defendía una idea casi política. Todas las formas son distintas, pero tienen el mismo valor.
En obras como Composición en rojo, azul, amarillo y negro, Mondrian controla el ritmo visual variando el grosor de las líneas. Cuanto más finas, más rápido “se lee” la obra. Así genera sensación de movimiento continuo sin recurrir a diagonales.
Aquí llegó el conflicto.
En 1925, Mondrian abandona De Stijl tras enfrentarse a Theo van Doesburg. Este último quería introducir la línea diagonal para aumentar el dinamismo, pero Mondrian la consideraba un elemento desestabilizador.
Doesburg acabaría acercándose a la Bauhaus, aunque Walter Gropius nunca le aceptó como profesor. Aun así, organizó cursos paralelos en Weimar a los que acudían profesores y alumnos de la escuela.
El neoplasticismo no se quedó en la pintura.
Gerrit Thomas Rietveld trasladó sus principios al diseño y la arquitectura. Su obra más emblemática es la Casa Schröder (1924), concebida como un espacio flexible, sin paredes fijas, basado en planos, colores primarios y líneas ortogonales.
También diseñó la famosa silla rojo-azul, un objeto construido a partir de planos y rectángulos que parece una composición de Mondrian en tres dimensiones.
El neoplasticismo fue un intento serio de reconstruir material y espiritualmente el mundo tras la guerra. Frente al caos, propuso orden. Frente al individualismo, unidad. Frente a la emoción, equilibrio. No duró demasiado como movimiento, pero su influencia en el diseño moderno, la arquitectura y la abstracción fue decisiva.
